La Resiliencia

En psicología, capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc. De hecho yo uso esa palabra en el sentido inglés. La palabra resilience ya formaba parte del léxico común.

Sin querer postularme como ejemplo de nada y por supuesto no quiero sonar prepotente ni dar la impresión de creerme merecedora de ningún mérito ni de estar en posesión de la verdad, si estoy de acuerdo con lo que decía Sherlock Holmes “I cannot agree with those who rank modesty among the virtues. To the logician all things should be seen exactly as they are, and to underestimate one’s self is as much a departure from the truth as to exaggerate one’s own powers.”

Resumiendo, y traduciendo, “Es tan incorrecto quitarse méritos (con falsa modestia) como exagerar los que uno tiene (con prepotencia o altanería)”

Quiero contar lo que me ocurre a mí por si les pudiera servir a otros. (Esto lo digo a menudo, pero lo hago de manera sincera, no es de boquilla). Quiero ahora describir lo que he vivido, muy someramente, y las actitudes que me han servido.

No sé ni he aprendido nada “oficialmente” pero mi propia mente y el pensar sobre las cosas y analizarlas me ha ayudado. Quiero hoy escribir sobre ello porque ahora dejo que mi mente flote y se pose sobre un tema. No le busco, dejo que todo fluya. Entonces he pensado unas cosas y finalmente he puesto al tema un título. He querido hablar acerca de mis emociones, mis vivencias, mis propios pensamientos, y el transcurso de mi vida en los últimos años, y después he pensado buscar el título; este era el adecuado.

La resiliencia es una palabra que ahora se oye más que antes (parece ser) aquí en España. Digo “parece ser” porque yo llevo en España sólo parte de mi vida. (desde el año 86). Yo ya conocía la palabra resilient en inglés antes. Pienso que queda mejor como título que “funciona pero no está homologada” cómo me describió mi marido ayer.

Todo este asunto hoy ha venido a mi mente porque he salido al jardín, cómo antes hacía (antes del derrame cerebral) porque me disponía a cortar unas rosas para meter dentro. Todo ahora me supone un reto. Las facultades como la vista (aunque un tanto alterada) y el oído, aún me funcionan, pero tengo otros problemas motores. Algo tan simple como cortar unas rosas supone que debo pensar cómo voy a hacer para cortar las rosas. ¿Dónde tengo las herramientas? (no las encuentro) ¿cómo voy a hacer para encontrarlas? No puedo subir y escalar como hacía antes, coger la escalera y trepar porque mi condición física no me lo permite. Entonces todas las circunstancias las abordo desde la perspectiva de una oportunidad mental. De momento me ha ofrecido un tema sobre el que escribir. Busco de todas las adversidades el lado positivo (o lo intento). Tengo ahora además un reto, buscar las herramientas haciendo uso de mi paciencia e ingenio. Eso lo dejo ahí aparcado de momento hasta que vuelva a ello.

Escribir es otra cosa que me ha servido mucho. Me ha permitido hablar aunque no tuviera con quién. Dejar constar mis pensamientos y llevar un registro de todo.
La paciencia, que realmente no tengo, pero a la que me obligo, por pura cabezonería. ¿Insistencia suena mejor verdad?

Pues bien, después de dos semanas retomo esto que estaba escribiendo (ahí está mi paciencia…) y además me dispondré a salir al jardín. Con ayuda. Para todo ahora me veo obligada a pedir ayuda. No porque la necesite realmente sino porque a los demás les es más agradable que así sea. Entiendo yo también que el descaro que ahora me define nuble mi percepción hasta tal extremo que haga alguna cosa que no debiera.

He hecho de la diferencia mi fuerza. Tuve hace años un compañero (cuando yo enseñaba inglés en la academia) que era de ascendencia alemana e italiana. Hablaba inglés conmigo y además hablaba español. Yo le solía preguntar “¿Tú que te sientes?” Quería saber si se sentía alemán o español. Él me contestaba “soy europeo” Y tenía razón. Después de lo que he vivido me doy cuenta de que lo bonito de la vida es centrarnos en lo que nos une y obviar lo que nos diferencia. Será porque toda la vida me he sentido diferente. Aquí he sido la inglesa y en Inglaterra la española. Me ha ido bien por mi forma de afrontar las cosas y he sabido siempre sacarle a las cosas provecho. (Vamos, que he sabido echarle cara).

Y entonces vino Brexit.

Yolanda Canales

Hijos de un mismo Alá

Hace unos años ya, cuando hacía mis primeros pinitos (fallidos) en la enseñanza del inglés coincidía con Rodolfo, un compañero profesor (de alemán) en una academia de Laredo. Él era de ascendencia alemana-española y había vivido en el extranjero. Con lo cual hablaba con efectividad al menos cuatro idiomas. Él y yo solíamos hablar en inglés. Le menciono porque viene hoy muy al caso. Le preguntaba yo una cosa que a mí me han preguntado en incontables ocasiones. ¿Tú como te sientes; inglesa o española? Yo a él le preguntaba si se sentía italiano, español o alemán. El me decía “Yo me siento europeo”.

Efectivamente creo que así debe afrontar la vida el ser humano. Pero yo ampliaría el ámbito no a Europa, sino al mundo. El ser humano, sea de donde sea, puede tener los mismos problemas, las mismas inquietudes, necesidades, independientemente de su raza o credo. Yo he sentido lo mismo aquí en España que en Inglaterra. Allí era la española, aquí la inglesa. Siempre llama la atención lo diferente, lo exótico. Pero la esencia de uno es la que es.  Posteriormente como empleadora tuve de trabajadora a una chica de ascendencia extranjera. Yo, por mi pasado (el hecho de que mis padres habían estado en otro país y después habían vuelto a España como emigrantes retornados) consideraba a aquella chica desde una perspectiva que, en efecto, no debí hacer. En mi manera de apreciarla mediaba el concepto que yo tenía de lo que era la inmigración. Estaba yo equivocada pues ella NO era la inmigrante que habían sido mis padres. Así aprendí que cada persona debe de considerarse simplemente como eso; una persona. Sea de dónde sea, y como sea.

Ya cumplidos los 45 y mediando dos hemorragias cerebrales y una operación para extirparme una malformación del cerebro (puede que esto me ayudara a rectificar mi apreciación) me di cuenta de que muy, muy en el fondo, pero que muy en el fondo, soy inglesa, con lo cual la crianza, el país en el que crecí me marcó como ninguna otra cosa. A efectos legales soy española, y el xenófobo inglés así me consideraría. El bilingüe de mi especie (bicho raro como yo) es, por tanto, apátrida, pero lo que cuenta es su propio sentimiento. La percepción de los demás no siempre se corresponde con la de uno mismo. El limbo dejó de usarse en religión. Ahora es una cosa de países. Lo conozco ya bien.

Tengo un amigo sacerdote Católico que comparte en las redes sociales constantemente artículos y entrevistas de compañeros musulmanes. Debemos pues recordar no sólo el fanatismo y los desmanes actuales sino también los que se perpetraron durante la Inquisición.

El día que nos juntemos todos y rememos en la misma dirección dejará el bote de dar vuelta y vuelta y tomará un rumbo claro para todo ser humano.

Yolanda Canales