Edward Shearmur. BSO K-Pax. Grand Central

Edward Shearmur es un compositor inglés de bandas sonoras. Ganó un premio Emmy en 2006. Ha trabajado en la banda sonora de películas como Crueles intenciones (1999), Miss Congeniality (2000), The Sweetest Thing (2002), The Skeleton Key (2005) o Abduction (2011), entre otras.

A la música de Edward Shearmur se le suele poner con frecuencia la etiqueta de «inclasificable». Siendo un compositor entrenado clásicamente, ha tocado con varias bandas de rock. Estudió música Africana en la universidad y le gusta disfrutar de cualquier estilo musical, desde electrónica japonesa hasta Rhythm and blues de los 60.

Un tema por el cual se le suele encontrar con frecuencia en Youtube es «Grand Central» de la película K-Pax, película infravalorada donde las haya, K-Pax huye un poco del estilo mas comercial de Hollywood para adentrarse de forma sutil en la crítica social a través de la mente aparentemente desequilibrada y enferma del personaje Prot.

La música de Edward Shearmur para K-pax acompaña con un toque chillout durante todo el film pero consigue establecer el feeling adecuado para la película desde los primeros compases con «Grand Central». Consta de 2 partes, una inicial mas lenta y onírica que se oye mientras el espectador vislumbra una mañana de la estación Grand Central de Nueva York entre partículas de aire de la noche y una segunda parte mas dinámica que acompaña los títulos de crédito iniciales.

Grand Central es uno de mis temas favoritos de siempre y acompañó a mi hermana Yolanda durante su largo despertar del coma en Enero-Abril del año pasado y durante los meses siguientes.

¡Seguro que se acuerda!

2014, una nueva era de hipocresía en el horizonte

2013 ha sido sin duda una montaña rusa de sentimientos e ideologías encontradas con una crisis nacional que se ha recrudecido hasta un punto de no retorno. Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia, se encargó a finales de año de aportar la gota necesaria para colmar el vaso de nuestra tranquilidad, temple y aguante en un ejercicio de hipocresía sin precedentes.

No soy político ni analista ni tan inteligente como nuestro querido ministro Gallardón por tanto no voy a extenderme sobre los detalles de este proyecto de ley con lo que se podrían llenar páginas de texto sobre derechos civiles, constitucional, etc. No obstante quiero resaltar lo evidente.

La ley del aborto que defiende el ministro Gallardón se basa en la simple premisa del derecho a la vida. Sin entrar en complejos debates sobre el derecho a decidir, personalidad jurídica del no nacido, anticonstitucionalidades, etc. es evidente que el actual proyecto de ley del aborto arrastra consigo una increíble contradicción. El derecho a vivir de un feto absolutamente sano cuando la madre ha sido víctima de una violación es menor que la de un feto condenado a una vida de sufrimiento por sufrir una inimaginable y desgraciada malformación. Para explicar este desaguisado, quienes defienden esta ley extienden un poco mas el disparate explicando que SI se puede abortar, acogiéndose al derecho de hacerlo si supone un riesgo para la salud psíquica de la embarazada. Teniendo en cuenta que la salud psíquica es aplicable en cualquier caso y siempre dependerá del único criterio de un psicólogo, este argumento se desmorona.

Pero lo que en realidad me preocupa es la aparente falta de preocupación del gobierno por los padres que esperan un hijo (si, he dicho padres en plural). Entre los intentos de recorte en los protocolos de detección de cromosopatías y/o otras malformaciones y la escasez de información proveniente de fuentes oficiales sobre los embarazos y sus riesgos; quienes van a ser padres y especialmente las mujeres están ante un verdadero desamparo que esta ley solo va a acentuar de manera considerable.

Voy a ser padre en unos meses y uno tiene la sensación de que siempre hay miedo y preocupación en una fase como la que nos encontramos mi mujer y yo, en nuestro caso moderado porque considero que somos una pareja racional, alejada del histerismo. Existe miedo por la salud de mi mujer, miedo a que algo no salga bien, miedo a que cometan una negligencia el día del parto en un país con un alto índice de errores médicos que afectan negativamente al desenlace de parto. Nada de lo que hacen nuestros gobiernos en nuestro país (ahora también pluralizo) sirve para guiar a una pareja felizmente durante el embarazo de la mujer, mas bien todo lo contrario.

Durante la legislatura anterior tampoco se hizo demasiado en este sentido. Los tímidos intentos por extender la salud sexual y reproductiva a alumnos de primaria y secundaria con la ley del aborto del 2010 se acompañaron de una reforma de ley cuanto menos cuestionable en puntos como el aborto libre hasta las 14 semanas y la decisión libre de abortar en menores de 16 años pudiendo prescindir incluso de informar a su tutor legal si acarreaba un «grave conflicto». Mas que una preocupación por la situación de la mujer, daba la sensación de querer divertirse con jueguecitos provocando al eterno rival, la derecha conservadora, y mostrar su pancarta de partido progresista. Así llegaría la alternancia política en 2011 con una patata caliente con la que poder elevar el nivel de provocación dejando que el Ego de Gallardón termine por fastidiarlo todo. Solo queda esperar una nueva alternancia política para que el PSOE nos ofrezca un sueldo por abortar.

Así pues, mientras dejamos que nuestro duopolio político se divierta con su eterno debate ideológico y juegue con lo poco que el poder económico les deja jugar (sus políticas sociales), seguiré leyendo las idioteces que postean en las redes sociales quienes abanderan a un partido u otro en nombre de su ideología superior mientras yo concentraré mis esfuerzos para que a mi futura hija no le falte de nada con actitud positiva y la única ayuda de mi mujer y yo mismo.

Angel Canales